Segundo premio del concurso "Violencia machista". Autora: Ana Paqui Palenciano Castro
Una chica de veinte años está frente al espejo intentando ocultar bajo una capa de maquillaje el moratón que su novio le dejó en la mejilla la noche anterior. Al igual que ella, muchísimas mujeres repiten ese gesto día tras día, repitiéndose a sí mismas."Lo ha hecho sin querer", o "No se da cuenta", o "Todo es por mi culpa"... Quizás en el fondo saben que esa persona a la que tanto aman acabará matándolas si no hacen algo por evitarlo. También son tantas las que, aun teniendo claro el funesto destino que les depara la relación con su pareja, no denuncian el maltrato por el temor que les supone que éste se vengue.
Y ya sea por amor o por miedo, miles de mujeres maltratadas continúan viviendo con su agresor, soportando palizas diarias.
Adultas, adolescentes, ancianas .. la violencia de género no entiende de edades. Según las estadísticas, cada setenta y cuatro horas muere una mujer en manos de su compañero sentimental; cada siete minutos una mujer es violada, de las cuales un 75 % son menores de edad. Raro es el día en el que en los informativos no salga algún caso nuevo de maltrato: mujeres golpeadas hasta la muerte, o que se logran salvar de milagro; mujeres apuñaladas o estranguladas... Y la situación sólo parece empezar.
Sin duda, lo que más impotencia me causa es el hecho de ver cómo esos maltratadores, tras ser denunciados, pasan unos cuantos años en prisión, que ni por asomo llegan a ser suficiente como para compensar el daño causado, para luego volver a salir a la calle, donde puedan escoger una nueva víctima a la que arruinar la existencia, comenzando así de nuevo la trágica historia.
Así que, viendo la levedad de los castigos impuestos a loa agresores, alcanzo a comprender a aquella mujer de veinte , cuarenta, quince o sesenta y ocho años que maquilla sus heridas de cara a los demás, guardándose para ella todo su dolor .
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domingo, 22 de junio de 2008
Los ojos de una mujer
Primer premio del concurso "Violencia machista". Autora: Ana Belén Gabaldón Sánchez (4ºESO A)
En una habitación blanca, muy blanca, empezó mi camino hacia la muerte. Yo la sentía oscura, tan oscura como mi alma que, moribunda, vagaba esclava de mi ausencia, desde hacia un tiempo.
Cada día era eterno dentro de esa habitacion, que parecía invisible para los demás. Todos los días para él eran un juego y yo era su tablero sobre el que poner en práctica su táctica. Mi vida no era tan bonita como siempre había imaginado, no era ese cuadro perfecto, pintado en mi cabeza y enmarcado por su imaginación.
Cada grito, cada golpe, se transformaban en espinas en mi alma, que arrancaba como en una rosa por el amor que aún sentía por el y que poco a poco se apagaba, como un instrumento viejo iba dejando de sonar.¡Tú tienes la culpa!, comenzaba y en mi mente grabadas quedan aún sus palabras que siempre terminaban con un ¡Perdón, yo no quería! pobre tonta, pobre ilusa pensar que iba a cambiar. Todas las noches en mi cama no había dos personas, a mi lado se acostaba el miedo y el dolor y nerviosa esperaba la mañana siguiente para que él se marchara y yo pudiera descansar.
Cuando intentaba dormir no podía, en cada sueño aparecía él y volvia para atormentarme y ya, no era mi sueño sino una pesadilla real, muy real. Me despierto y vuelvo a ver aquella habitación blanca, fría, en la que me sentía insignificante, donde quedaron mis charcos de lágrimas por él y sus puñetazos en mi corazón por hacerme crreer que no valía nada, que no servía para nada. Aquel no era el hombre de mi vida, se había convertido en el hombre de mi muerte que, aparentemente es el mismo, pero que cada día construyó para mí una máscara de piedra, con la que ya no podía sonreír, con la que ya no tenia rostro. Escondida tras la puerta, escuchaba sus llaves en la cerradura y esperaba que llegara muy cansado, que no quisiese comer, para que no me hiciera daño otra vez. Me humilló, me avergonzó, me hizo creer su propia mentira, me hizo creer que la vida no valia la pena, pero por fin, encontré la puerta de esa habitación y salí corriendo porque quería vivir, ser libre y ser feliz. Conseguí hacerlo, levanté la cabeza, tímida al principio más segura después. Dejé atrás mi pasado, afronté el presente y me entrenté a él. Lo vencí porque todas podemos hacerlo, sólo tienes que ser valiente y salir de ahí, porque una mujer es suave, pero tanbién es fuerte y sabe levantar la cabeza como nadie. A veces, por desgracia, hay gente que sabe lo que está ocurriendo, pero no ayuda y quizá tiene más delito el que está fuera y no hace nada que el que está dentro y calla.
Ahora yo dejé esto atrás, y aunque sé que nunca lo podré olvidar , el tiempo cura las heridas y lo podré superar. Hoy tengo libertad, valor y ganas para enfrentar la vida y nadie me lo va a negar , porque descubrí que:
"¿Quién puede bajar los ojos como una mujer? ¿Y quién sabe alzarlos como ella?"
En una habitación blanca, muy blanca, empezó mi camino hacia la muerte. Yo la sentía oscura, tan oscura como mi alma que, moribunda, vagaba esclava de mi ausencia, desde hacia un tiempo.
Cada día era eterno dentro de esa habitacion, que parecía invisible para los demás. Todos los días para él eran un juego y yo era su tablero sobre el que poner en práctica su táctica. Mi vida no era tan bonita como siempre había imaginado, no era ese cuadro perfecto, pintado en mi cabeza y enmarcado por su imaginación.
Cada grito, cada golpe, se transformaban en espinas en mi alma, que arrancaba como en una rosa por el amor que aún sentía por el y que poco a poco se apagaba, como un instrumento viejo iba dejando de sonar.¡Tú tienes la culpa!, comenzaba y en mi mente grabadas quedan aún sus palabras que siempre terminaban con un ¡Perdón, yo no quería! pobre tonta, pobre ilusa pensar que iba a cambiar. Todas las noches en mi cama no había dos personas, a mi lado se acostaba el miedo y el dolor y nerviosa esperaba la mañana siguiente para que él se marchara y yo pudiera descansar.
Cuando intentaba dormir no podía, en cada sueño aparecía él y volvia para atormentarme y ya, no era mi sueño sino una pesadilla real, muy real. Me despierto y vuelvo a ver aquella habitación blanca, fría, en la que me sentía insignificante, donde quedaron mis charcos de lágrimas por él y sus puñetazos en mi corazón por hacerme crreer que no valía nada, que no servía para nada. Aquel no era el hombre de mi vida, se había convertido en el hombre de mi muerte que, aparentemente es el mismo, pero que cada día construyó para mí una máscara de piedra, con la que ya no podía sonreír, con la que ya no tenia rostro. Escondida tras la puerta, escuchaba sus llaves en la cerradura y esperaba que llegara muy cansado, que no quisiese comer, para que no me hiciera daño otra vez. Me humilló, me avergonzó, me hizo creer su propia mentira, me hizo creer que la vida no valia la pena, pero por fin, encontré la puerta de esa habitación y salí corriendo porque quería vivir, ser libre y ser feliz. Conseguí hacerlo, levanté la cabeza, tímida al principio más segura después. Dejé atrás mi pasado, afronté el presente y me entrenté a él. Lo vencí porque todas podemos hacerlo, sólo tienes que ser valiente y salir de ahí, porque una mujer es suave, pero tanbién es fuerte y sabe levantar la cabeza como nadie. A veces, por desgracia, hay gente que sabe lo que está ocurriendo, pero no ayuda y quizá tiene más delito el que está fuera y no hace nada que el que está dentro y calla.
Ahora yo dejé esto atrás, y aunque sé que nunca lo podré olvidar , el tiempo cura las heridas y lo podré superar. Hoy tengo libertad, valor y ganas para enfrentar la vida y nadie me lo va a negar , porque descubrí que:
"¿Quién puede bajar los ojos como una mujer? ¿Y quién sabe alzarlos como ella?"
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